El Ojo En El Cielo

Blog de arte. Reflexiones sobre arte, diseño y comunicación.

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Lo imposible

Si amas lo que haces, tu trabajo será bueno.

Herbert Matter

El arte siempre se ha preocupado de lo trascendente, de lo eterno y también de lo efímero, de lo espiritual y de lo universal, del ser humano y de su naturaleza. Y para ello utilizó un lenguaje principalmente visual que conmoviera al espectador y le conminara a hacer suyo el mensaje de la obra. Las normas académicas por las que se plasmaba la forma de los objetos, la utilización del color y la representación del espacio constituyeron un lenguaje común entre el arte y el espectador. Pero a principios del siglo XX las vanguardias artísticas decidieron romper con ese código formal del arte que había estado vigente desde la Antigüedad. La realidad se fragmentaba como vista a través de un caleidoscopio, se teñía de colores extraños, se desvanecía hasta convertirse en una mancha o conformaba un universo absurdo donde convivían objetos y espacios sin relación entre sí. Era difícil entender aquellos mensajes y el público fue reacio, al principio, a considerarlo como arte.

El arte es también el campo de ensayo del modo en el que entendemos el mundo y de cómo podemos comunicarnos con los demás. Por ello el mundo del diseño estudia los lenguajes gráficos del arte y los adapta a sus funciones para crear mensajes más impactantes y más intemporales. El arte de vanguardia, con sus golpes visuales y su ruptura de los esquemas establecidos fue una fuente inagotable de inspiración para muchos diseñadores. Uno de esos diseñadores fue Herbert Matter.

Matter nació en Engelberg (cantón de Obwalden), en el corazón de los Alpes suizos. Aparte de turistas y montañas, en aquel lugar se alzaba una abadía benedictina cuya biblioteca guardaba ejemplares de hermosos códices medievales iluminados. Quizá esa presencia ayudó a que el joven Matter se decantara por el campo de las artes en lugar de trabajar en los numerosos resorts de la zona dedicados al esquí y al montañismo. El 1925 Matter comenzó los estudios de Bellas Artes en Ginebra. Pero sólo duró dos años. La Europa de entreguerras tenía su centro artístico en París y allí se dirigió Matter para seguír formándose como pintor. Se matriculó en la Academie Moderne donde tuvo como maestros a dos de los pintores cubistas más destacados de la época, Fernand Leger y Amedee Ozenfant. Fue Ozenfant quien le animó a expandir sus horizontes artísticos y fijarse en otras técnicas fuera de la pintura. De ese modo Matter comenzó a experimentar con la fotografía y con el fotomontaje, técnicas utilizadas por otros movimientos de vanguardia como del Dadá o el Constructivismo ruso. Se compró una cámara Rolleiflex y se lanzó a explorar las posibilidades técnicas del collage y de los efectos fotográficos siguiendo los pasos del ruso El Lissitzsky o del norteamericano Man Ray.

El punto de inflexión en la carrera artística de Matter se produjo en el año 1929 cuando la famosa imprenta francesa Deberny et Peignot lo contrató como diseñador gráfico. En esa imprenta trabajaban los grandes diseñadores de la época y allí Matter aprendió de uno de los ilustradores más importantes del momento, el francés Cassandre o del propio Le Corbusier (gran amigo de Ozenfant). En Deberny et Peignot Matter descubrió la importancia de la tipografía y aprendió a componer con ella. Y cuando todo marchaba sobre ruedas, un problema con su permiso de residencia en Francia provocó su expulsión del país y el retorno a Suiza.

Era el año 1932. Con 25 años Herbert Matter volvió a su país decidido a ser diseñador. Y la oportunidad llegó en forma de trabajo para la Oficina de Turismo Suiza. Matter comenzó a realizar una serie de carteles publicitarios que pronto llamaron la atención de propios y extraños por sus imágenes impactantes, por su frescura visual y por la modernidad de sus técnicas.

La imagen muestra un cartel hecho a base de un montaje de varias fotografías de diferentes tamaños. En la parte inferior se puede leer el nombre de la estación de esquí (Pontresina). El resto del encuadre está ocupado casi en la totalidad por la cabeza de un esquiador, vista desde abajo, que luce unas gafas de sol y está muy bronceado. Entre las letras y la cara del esquiador se puede ver la figura de un pequeño esquiador descendiendo en eslalon. Pulse para ampliar.

Herbert Matter – Cartel publicitario para la Oficina de Turismo Suiza: “Pontresina” (1934)

El lenguaje gráfico de Matter iba mucho más allá de lo que era corriente en la época. En un momento en el que la ilustración seguía siendo el medio principal de introducir imágenes en los carteles, Matter generalizó la fotografía y más concretamente el fotomontaje. Disponía figuras de diferentes tamaños y escalas sobre la superficie del cartel, creando contrastes que despertaban curiosidad. Y como elemento de impacto, fotografiaba a sus modelos o paisajes en contrapicados como aquellos que caracterizaban las obras de su admirado Cassandre. El resultado era un cartel imposible de ignorar.

La imagen muestra un cartel en el que en la parte superior aparece el nombre de la estación de esquí (Engelberg) ligeramente en diagonal. Justo debajo se ve el perfil de las cumbres de unas montañas muy lejanas y sobre ellas, la fotografía de un teleférico. Y bajo todo ello y ocupando las tres cuartas partes del cartel, la cara de una chica sonriente que tapa la mitad de su cara con la mano enfundada en un guante de lana con dibujos geométricos. Pulse para ampliar.

Herbert Matter – Cartel publicitario para la Oficina de Turismo Suiza: “Engelberg-Trübsee” (1936)


La imagen muestra un cartel donde en la parte inferior se ve a una pareja sentada sobre una valla de madera mirando hacia arriba. Detrás de ellos se observan los picos de unas montañas. Las tres cuartas partes superiores del cartel están ocupadas por la imagen de un cielo lleno de nueves grises y  dos cabinas de teleférico que se cruzan en sentidos opuestos. Pulse para ampliar.

Herbert Matter – Cartel Publicitario para la Oficina de Turismo Suiza: “Engelberg” (1936)

La oportunidad de ampliar sus horizontes, tal y como le había aconsejado su profesor y amigo Amedee Ozenfant, le llegó a Herbert Matter a través de la danza. Estaba colaborando con una compañía de ballet suizo, realizando los aspectos gráficos de sus montajes, cuando la compañía se embarcó en una gira por Estados Unidos. Matter se unió a ellos en su viaje a pesar de que apenas hablaba inglés. Durante varios meses atravesó Estados Unidos de un extremo a otro y las posibilidades que se le abrían como diseñador en aquel país le convencieron para quedarse en Nueva York una vez terminada la gira. Sin saber muy bien dónde ir o qué hacer, siguió el consejo de un conocido suyo que trabajaba en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA): “Preséntate a Alexei Brodovitch. Le gusta tu trabajo”. No muy convencido, Matter pidió una cita con el director de arte de Harper´s Bazaar. Cuando llegó al despacho de Brodovitch descubrió, asombrado, que en sus paredes colgaban dos de los carteles que había hecho para la Oficina de Turismo Suiza. Su amigo no le había mentido: el director de arte más innovador del mundo admiraba su trabajo.

Matter comenzó a trabajar para Harper´s Bazaar realizando fotografías para las portadas y para los artículos más importantes.

La imagen muestra el primer plano de una mujer rubia, cuidadosamente peinada y maquillada que mira seria al espectador. Enm la parte izquierda de la fotografía aparece sobreimpresa una fotografía de una mariposa de gran tamaño que tapa parcialmente uno de los ojos y el pelo de la modelo. Pulse para ampliar.

Herbert Matter – Fotografía para una portada de Harper´s Bazaar de 1940 (dirección artística de Alexei Brodovitch)


La imagen muestra una doble página de una revista. El fondo de las dos páginas es negro. En la parte central se distribuye un texto escrito en letras blancas que está maqueado en forma de óvalo. Y rodeando al texto aparecen una multitud de manos femeninas superpuestas con las uñas pintadas de rojo. Pulse para ampliar.

Herbert Matter – Doble página de Harper´s Bazaar, abril de 1941. Fotomontaje (dirección artística de Alexei Brodovitch)

Trabajar con Brodovitch le abrió numerosas puertas. Además de realizar exposiciones con su trabajo fotográfico, Matter comenzó a trabajar en campañas publicitarias para los  grandes almacenes Saks Fifth Avenue y también para una de las compañías más innovadoras en cuanto al uso de la publicidad, la Container Corporation of América (CCA) cuyo propietario, Walter Paepcke, era el mecenas de artistas europeos emigrados a  Estados Unidos como Laszlo Moholy-Nagy o Herbert Bayer (ambos antiguos profesores de la Bauhaus en Alemania).

La imagen muestra una fotografía en blanco y negro de una mujer desnuda en una playa. Está sentada en la arena, apenas vemos las piernas pero sí vemos su tronco y su cabeza. Tiene el vientre y los pechos cubiertos con una fina capa de arena y su rostro está tapado por mechones de pelo que lo atraviesan. Pulse para ampliar.

Herbert Matter – Serie fotográfica “Mercedes” (1940). La modelo en estas fotografías es la mujer del diseñador, Mercedes Matter.


La imagen muestra un cartel en el que en la parte superior se ve un soldado tumbado en el suelo y otro, de menor tamaño, un poco más arriba. Ambos están en posición de disparar y superpuestos a ellos aparecen dibujos de contenedores de cartón para provisiones con el lema

Herbert Matter – Publicidad de guerra de la CCA (c. 1944)

Herbert Matter se convirtió en un imprescindible del diseño contemporáneo norteamericano. Fue el responsable de la realización de los catálogos de productos de la fábrica de mueble Knoll y con ellos contribuyó a difundir una imagen de modernidad por todo Estados Unidos (la propietaria de la empresa, Florence Knoll, había sido compañera de estudios de grandes arquitectos e interioristas como Charles y Ray Eames o Eero Saarinen y fue responsable de la introducción del mueble de diseño en los hogares norteamericanos). Y siempre utilizando la fotografía como herramienta básica para sus diseños.

La imagen muestra

Herbert Matter – Publicidad para Knoll con los diferentes modelos de la silla diseñada por Harry Bertoia. Bertoia había sido alumno de la Cranbrook Academy y trabajó como ayudante de Charles y Ray Eames. Su mobiliario de estructura de acero, diseñado en 1952, está considerado uno de los hitos del diseño de mueble del siglo XX.

Matter continuó siendo un referente al comenzar a dar clases de fotografía y diseño gráfico en la Universidad de Yale. Compaginó el trabajo como docente con el de asesor de diseño para el MoMA o el Museo Guggenheim, realizando catálogos, diseñando exposiciones y dirigiendo películas sobre las mismas. Todos los diseñadores lo tenían como referente y reconocían la dificultad de sus logros: utilizar el lenguaje del arte más vanguardista y transformarlo en una imagen llena de fuerza, de significados, de empatía con el espectador. El valor de la obra de Matter estaba en convertir las imágenes en un estímulo visual que abría las puertas a un mundo nuevo y atractivo, pero que lo lograba con una aparente sencillez.

Quizá el mejor resumen de la aportación de Herbert Matter al mundo del diseño se lo hizo otro gran diseñador, Paul Rand, que para el prefacio del catálogo de la exposición retrospectiva que la Universidad de Yale dedicó a su antiguo profesor escribió lo siguiente:

“Herbert Matter es un mago.

Para satisfacer las necesidades de la industria eso es lo que tienes que ser.

La industria es un cliente duro.

El arte es más duro aún.

El arte y la industria juntos, algo casi imposible.

Algunos artistas han hecho lo imposible.

Herbert Matter, por ejemplo.”

(Paul Rand:  Fragmento de “Poema”, prefacio al catálogo de la exposición dedicada a Herbert Matter en la Yale School of Art)

Nota: para más información sobre Herbert Matter se puede visitar su página web oficial: http://herbertmatter.org/welcome/

La Estrella del Norte

Érase una vez un comerciante francés que residía en la ciudad de Kharkhov (Ucrania) con su familia a finales del siglo XIX. Érase que en esa familia nació Adolphe Jean-Marie Mouron en 1901. Y érase que Adolphe se convirtió en uno de los diseñadores gráficos más importantes de la Historia gracias a su talento y a la I Guerra Mundial.

Adolphe siempre mostró inclinación por el arte, además de presentar un carácter extremadamente sensible y tendente a la melancolía. Cuando estalló la I Guerra Mundial, la familia decidió regresar a Francia y allí Adolphe comenzó a estudiar en la Academia de Bellas Artes. Tuvo la suerte de disfrutar del París donde se fraguaban las vanguardias artísticas más revolucionarias y de conocer de primera mano el cubismo de Picasso y Braque o el surrealismo de Max Ernst y Salvador Dalí, dos de los movimientos artísticos que más le influirían como pintor y diseñador. En esa época el cartel se estaba convirtiendo en el medio publicitario visual por excelencia ya que su presencia en las calles hacía que su mensaje llegara a todo el mundo. Y el cartel fue la introducción de Adolphe en el mundo del diseño: en 1923 realizó su primer trabajo de este tipo para una tienda de muebles en donde ya utilizó el poderoso lenguaje visual, muy influido por las vanguardias, que le caracterizaría posteriormente:

Adolphe Jean-Marie Mouron "Cassandre" - Cartel Au Boucheron (1923)

A partir de este momento y con sólo 22 años, Adolphe entra de lleno en el mundo del diseño. Fundó su propio estudio de diseño (Alliance Graphique) cuya sede estaba en el distrito artístico de París, en el barrio de Montparnasse, y comenzó a firmar sus obras con el pseudónimo que le hizo famoso: Cassandre.

El lenguaje gráfico utilizado por Cassandre está directamente vinculado al arte contemporáneo: sus ilustraciones se caracterizan por los puntos de vista bajos que presentan las figuras en contrapicados que las hacen parecer gigantescas y poderosas, en cobinación con la geometrización y simplificación de las formas que provoca una lectura inmediata del mensaje:

Adplphe Jean-Marie Mouron - Cartel para el periodico L´Intransigeant (1924)

Adolphe Jean-Marie Mouron "Cassandre" - Cartel Bicicletas Brilliant  (1923)

Entre 1924 y el comienzo de la II Guerra Mundial, Cassandre se convirtió en el referente del cartel de vanguardia europeo. Son famosos por su impacto visual, aún hoy en día, sus carteles para la Compagnie Internationale des Wagons-Lits, como el de Nord Express o el de La Estrella del Norte:

Adolphe Jean-Marie Mouron "Cassandre" - Cartel para el Nord Express (1930)

Adolphe Jean-Marie Mouron "Cassandre" - Cartel L`Etoile du Nord (1927)

Adolphe Jean-Marie Mouron "Cassandre" - Cartel vagón restaurante (1932)

Pero también son impresionantes, por su dominio de la composición, por el cuidado en las tipografías y por el soberbio uso de la forma, sus carteles para las compañías de trasatlánticos:

Adolphe Jean-Marie Mouron "Cassandre" - Cartel L´Atlantique (1931)

Adolphe Jean-Marie Mouron "Cassandre" -Cartel Normandie (1935)

Uno de los elementos que caracteriza los carteles de Cassandre es el extremo cuidado que pone en las tipografías. El cartel como elemento comunicativo suele incluir imagen y texto (aunque pueden existir sólo carteles tipográficos y otros con sólo imagen) y es importante que exista un claro equilibrio entre ambos. Cassandre cuidaba la tipografía en extremo, de modo que sus imágenes contundentes no se vieran afectadas por el texto, pero consiguiendo que el texto no quedara minimizado por el impacto visual. Solía utilizar tipografías de palo seco (lo que le relacionaba directamente con el diseño de vanguardia de principios de siglo) que transmitieran el mensaje a través de la simplicidad. De hecho, también realizó espléndidas tipografías, como la Bifur (1929), paradigma del estilo art decò:

Adolphe Jean-Marie Mouron "Cassandre" - Tipografía Bifur (1929)

O la Peignot (1937), utilizada hasta la saciedad en la segunda mitad del siglo XX:

Adolphe Jean-Marie Mouron "Cassandre" - Tipografía Peignot (1937)

Como puede apreciarse en los siguientes ejemplos:

Camiseta oficial Real Madrid C.F. Temporada 2005-2006

Logotipo Caixa Galicia (1978-2010)

La carrera de Cassandre llegó a su cumbre en los años 30. En 1936 el MoMA de Nueva York le dedicó una exposición que le abrió las puertas del mercado norteamericano. Comenzó a diseñar portadas para la revista Harper´s Bazaar, en donde se ve claramente la influencia del surrealismo:

Adolphe Jean-Marie Mouron "Cassandre" - Portada para HArper´s Bazaar (1937)

Lo que la guerra le había dado a Adolphe, la guerra se lo quitó a Cassandre. Si su carrera como artista había comenzado con el traslado a París de la familia Mouron tras el estallido de la I Guerra Mundial, el comienzo de la nueva contienda en 1939 supuso un cambio definitivo en su carrera. Se alistó en el ejército francés hasta la rendición y después abandonó la realización de carteles y se dedicó al diseño de decorados y vestuario teatrales. Se centró en la pintura y en las escenografías, aunque siguió realizando algunos trabajos memorables como el diseño en 1963 del logotipo, aún vigente, para la casa Yves Saint Laurent:

Adolphe Jean-Marie Mouron "Cassandre" - Logotipo para Yves Saint Laurent (1963)

Cassandre se suicidó un 17 de junio de 1968. En uno de los cajones de su escritorio encontraron una carta de un cliente alemán en la que rechazaba uno de sus diseños por “heterodoxo”. Los últimos años de su vida, lejos ya del esplendor de su época dorada, habían transcurrido en la más profunda amargura. Quizá el rechazo de aquel cliente supuso el empujón definitivo hacia el abismo. Del mismo modo que la adivina troyana de quien tomó su pseudónimo estuvo condenada a que nunca creyeran sus vaticinios, aquel que había iluminado el diseño gráfico con su luz y lo había acercado al arte contemporáneo ya no encontraba cabida en un mundo que no entendía su obra.

Aunque quien haya visto su Estrella del Norte no pueda olvidar jamás el brillo de lo perfecto.

Adolphe Jean-Marie Mouron "Cassandre" - Retrato en su estudio

Una décima de segundo

“Y es que no hay nada mejor que imaginar,

la Física es un placer”

Antonio Vega – “Una décima de segundo”

Cien mil fotografías son muchas fotografías.

Y más si hablamos de fotografía analógica. Esa que tiene que ver con la película de celuloide, con las lentes, con el tiempo de exposición, con cubetas, con el baño de paro… Pero Jacques Henri Lartigue hizo incluso más de esas cien mil. Y escribió más de 7.000 páginas detallando sus vivencias y sus fotografías. Y las dispuso cuidadosamente en álbumes ordenados de manera cronológica, contando así su historia pero también la del siglo XX.

Lartigue nació en 1894 cerca de París. Con seis años estaba fascinado por la cámara fotográfica de su padre y comenzó a tomar sus propias fotografías y a dejar anotaciones acerca de sus impresiones. Aquel trabajo tan concienzudo para un niño de seis años llamó la atención de su progenitor que, como recompensa a su esfuerzo, le regaló su primera cámara al cumplir los ocho años. Y entonces sí que comenzó en serio la carrera de uno de los fotógrafos más particulares que nunca se haya visto.

Las primeras fotografías que hizo Lartigue retratan el mundo familiar. Reflejan la vida acomodada de la burguesía francesa de principios de siglo pero también algo más: una sensación de alegría, de que los instantes que se suceden en nuestras vidas acaban por dejar una huella imborrable en nuestra alma. Lartigue comenzó a captar con su cámara el momento en que la emoción y la alegría llegan a su cúlmen. Daba igual cuándo: en los juegos, en los baños en la piscina, en las salidas a ver competiciones de automovilismo o en demostraciones aéreas. Y, consciente o inconscientemente, en todas ellas plasmó un elemento que se convertiría en el denominador común de toda su obra: el instante.

La imagen muestra parte de las escaleras de piedra que parecen dar acceso a una gran casa. Sobre la balaustrada está la figura de una mujer joven que se está deslizando pasamanos abajo con cara de diversión y la falda ondeando. Pulse para ampliar.

Mi prima (1905)

La imagen muestra a un niño con bañador de cuerpo entero y una especie de boya atada a la espalda en el momento de zambullirse en una piscina. Tiene todo el cuerpo estirado, los brazos flexionados y las manos juntas para sumergirse. Pulse para ampliar.

Jacques Henri Lartigue – Dedé en Rouzat (1911)

A medida que pasaba el tiempo, Lartigue procuraba hacerse con cámaras cada vez más sofisticadas que le permitían detener el tiempo en sus imágenes, atrapando esa décima de segundo “que va saltando de hoja en hoja, mil millones de instantes de que hablar” (que cantaría Antonio Vega), en la que, casi siempre, los protagonistas son su familia, el deporte y los amigos, pero también la felicidad. Esa felicidad que flota en el ambiente y que se huele en el aire, que envuelve a las personas en un halo protector.

La imagen muestra una fotografía tomada en picado, es decir, desde arriba, en la que se ve un coche de carreras pilotado por un hombre, en plena competición. Las líneas borrosas del paisaje del fondo y de los radios de las ruedas del coche nos indican que va a bastante velocidad. Pulse para ampliar.

Jacques Henri Lartigue – Carrera (1913)

La imagen muestra una fotografía circular en la que en el medio justo podemos ver a un joven patinador en el aire, en plena pirueta. A su alrededor el paisaje de un lado helado y al fondo las montañas nevadas. Pulse para ampliar.

Jacques Henri lartigue – Francis Pigureron en Chamonix (1918)

Es difícil no sonreir ante las imágenes de Lartigue, como es difícil no hacerlo ante las pinturas de Marc Chagall. No porque cuenten algo gracioso, sino porque están llenas de gracia, de ligereza, de felicidad. De instantes ajenos que se convierten en propios. De pensamientos que cruzan la mente del retratado y que se transforman en una mirada, en un sonrisa, en una carcajada o en un gesto pensativo. De sensaciones que nos llevan a imaginar qué es lo que se esconde al otro lado de la fotografía.

La imagen muestra una fotografía de un hombre joven recién salido del mar. Está vestido con un bañador de cuerpo entero y por su cabeza y su pecho caen chorros de agua. Tiene la cabeza inclinada y sonríe abiertamente a la cámara. Pulse para ampliar.

Jaques Henri Lartigue – Sala en Biarritz (1918)

La imagen muestra el interior de una habitación con un gran ventanal. Sobre el alféizar de la ventana está sentada una mujer joven, que apoya las manos delicadamente sobre la barandilla del ventanal y que mira hacia el paisaje que hay afuera. Tiene una expresión abstraída como si estuviera perdida en sus pensamientos. la luz del sol incide sobre su cara. Pulse para ampliar.

Jacques Henri Lartigue – Renee Perle (c. 1931)

La imagen muestra un primer plano tomado desde arriba de una mujer joven tumbada en la arena de una playa. Echa la cabeza hacia atrás y parece estar riendo a carcajadas. Pulse para ampliar.

Jacques Henri Lartigue – Gerda en Hendaya (1937)

Lartigue fue capaz de crear un mundo flotante en su obra. Donde el viento sopla y donde el agua cae. Donde las personas y sus sueños vuelan y nunca se desploman, porque tenemos la sensación de que después de elevarse se posarán con delicadeza sobre el suelo, sobre la arena, sobre una rama o sobre una brizna de hierba. Lartigue parece plasmar las leyes de la Física en sus fotografías. Esa velocidad del instante que resulta de partir el espacio por el tiempo aparece incluso cuando todo resulta estático, captando el soplo de viento que hincha el toldo de la playa como una vela:

La imagen muestra a una mujer sentada de espaldas al espectador sobre la arena de la playa. A su lado una especie de tienda de campaña de tela a rayas cuyas paredes están hinchadas por el viento que sopla. Pulse para ampliar.

Jacques Henri Lartigue . Coco en Hendaya (1934)

Jacques Henri Lartigue pasó su vida haciendo fotografías. Y nadie le dio especial aprecio hasta que en 1955, cuando contaba más de 60 años, el Museo de Orsay celebró una exposición sobre su obra. Fue el paso previo al reconocimiento definitivo que le dio el MoMA de Nueva York cuando en 1963 le dedicó una exposición que le encumbró como uno de los grandes fotógrafos del siglo XX.

Siempre es una delicia contemplar la obra de Lartigue. Probablemente por el hecho de que es fácil adentrarse en sus instantes y comprender la sutileza de su mirada. Quizá porque también es fácil caer en la tentación de inventar el antes y el después de esa décima de segundo que termina, siempre, con una sonrisa.

La imagen muestra un primer plano del fotógrafo, ya mayor, con el pelo blanco y el rostro surcado de arrugas. Apoya la mejilla en la mano derecha y mira al espectador con una expresión entre inocente y pícara. Pulse para ampliar.

Jacques Henri Lartigue – Retrato (1974)

O quizá porque, como dice la canción, “no hay nada mejor que imaginar… La Física es un placer”